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Entrevista Daniel Contesse

I+D en Latinoamérica: “Aún somos provincianos, con la mirada puesta en lo local”

¿Qué tan importante es la inversión en I+D para el desarrollo de las naciones?

Es un hecho conocido que los países tienen diferentes fuentes de crecimiento. Una de ellas es la capacidad de ser más productivos, y es en esa capacidad donde el I+D y la innovación juegan un rol clave. I+D ha sido un camino seguido por los países que han logrado progresar, a diferencia de aquellos más pobres o con menor crecimiento.

No sabemos realmente qué ocurre primero, el huevo o la gallina. Si los que tienen más recursos es gracias a I+D, o si la inversión en I+D es lo que les ha traído más recursos. Lo que es claro es que el desarrollo va de la mano de mayor inversión en investigación y desarrollo y mejores resultados de innovación.

¿Cuáles son las condiciones básicas que deben existir para que un país genere I+D?

El capital humano es clave. Si no tienes gente capacitada y enfocada en investigar e innovar, difícilmente se puede empezar a mover la máquina. Aquí nuevamente los recursos son fundamentales y caemos en un círculo vicioso: sin desarrollo no hay recursos para invertir en capital humano y viceversa.

Segunda condición básica: tener una cultura “pro ciencia” o “pro tecnología”. Es necesario tener una mirada de futuro y en América Latina aún las compañías sospechan del mundo de la innovación y la ciencia. Esto es un problema de base, que vivimos desde la infancia. No hay una cultura en los colegios de querer fomentar la ciencia y la tecnología con la suficiente fuerza.

Una última condición fundamental es la competencia. La innovación en los países más avanzados se da porque es una necesidad. En Israel, se desarrolló por una necesidad de supervivencia. En EE.UU., por una necesidad de reinventarse, competir y mantener el liderazgo.

En los países desarrollados hay un sentido de urgencia con respecto a esto, en los países de Latinoamérica aún no, pero afortunadamente estamos avanzando.

 ¿Qué rol juega el Estado, las empresas y la academia en impulsar I+D?

En los países desarrollados el motor del I+D es el mundo privado. Lo ideal es balancear la triple hélice, para que estos tres actores trabajen de manera articulada, incluso incorporado a un cuarto actor: la sociedad civil. Sin embargo, todavía existe una sospecha mutua entre el mundo privado y el público, por lo tanto, les cuesta trabajar de manera conjunta. Ahí está el principal desafío.

Lo ideal es que el Estado sea quien defina las reglas del juego y la empresa y la sociedad civil sean quienes empujen los proyectos y la universidad juegue un rol activo en esto. Pero esto es un trabajo de largo plazo que requiere necesariamente un cambio de paradigma.

¿Podría destacar algún caso de éxito de I+D en la región?

Hace poco en Chile la empresa Telefónica quiso incursionar en esta materia y, apoyado por una política pública de CORFO, creó un centro de I+D en Chile enfocado en el uso de la tecnología Internet de las cosas (IoT). Esto lo está haciendo en alianza con la UDD, lo que demuestra un esfuerzo de trabajo colaborativo entre ambos actores. Es una lógica moderna; una nueva forma de hacer las cosas y esperamos que tenga los resultados esperados.

Una tarea que tenemos como países es buscar y desarrollar casos de éxito y mirar el mundo como mercado potencial. Israel tiene esa gracia. Piensan en el mundo; hay una mentalidad de aldea global extraordinariamente desarrollada. Acá aun somos muy provincianos, con la mirada puesta en lo local y eso tenemos que revertirlo.

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